Otro mito guadalupano

por: Ixchel de Niz

Desde el cielo una hermosa mañana, algo asustó a Zumárraga, un olor a suciedad inundó el templo, el fraile corrió hacia el altar, donde vió una figura femenina que lo desconcertó, una mujer vestida con la piel de un desollado estaba pariendo como las naturales en el inmaculado altar. El olor a inmundicia que el cristiano despreciaba terminó por poseerlo, lo reconoció como suyo y le rindió homenaje, el miedo lo hizo postrarse ante la Diosa de los indios, la devoradora de inmundicias con tocado de algodón. Tlazoltéotl sonrió, y liberó la lujuria propia y ajena que Zumárraga intentaba reprimir, aquella mañana todo el pueblo se entregó al instinto carnal. Su llegada llenó de alegría, de luz y armonía.

La Diosa comenzó a tejer y Zumárraga corrió al Tepeyac y ahí encontróse con el dilema de su fe, la aparición de Tlazoltéotl fue real, la vio, la olió, el devoto de la cruz no podía creerlo, pues las deidades de los indios no existen, tal vez aquello era obra del maligno, quién mas que Satanás podría profanar así el santo altar.

Escuchó unos gritos de dolor y siguió el sonido hasta llegar a una mujer indígena bautizada como María que tenía contracciones abrazada de un árbol, acompañada de una anciana, la anciana se reveló como Toci, madre de los dioses, y le exigió el sacrificio de una víctima y desollamiento de la misma. Zumárraga se negó pues era incapaz de traicionar su fé cristiana, la mujer que abrazaba el árbol se le acercó y sin inmutarse lo asesinó, ofreció su corazón a Toci, la diosa pidió a la mujer que dejara la piel del fraile en ese lugar, como prueba de su aparición y el deseo de que se le rindiera tributo en aquel lugar y así lo hizo. Después de parir volvió con los suyos y les contó lo que vivió en el Tepeyac, como su parto fue de la mano de la diosa.

Todos, indios y conquistadores fueron a ver el lugar de la aparición y al ver la piel del fraile vieron que esta se conservaba fresca y en ella se encontraba la figura de Toci y de Tlazoltéotl. Los cristianos intentaron destruir la piel y darle santa sepultura, sin importar sus esfuerzos la piel con las figuras de las diosas volvía al lugar de la aparición, la fe indígena volvió entre el pueblo natural y estos rindieron tributo como debían, los conquistadores se convirtieron pues su dios no intercedía por ellos al momento de los sacrificios. Y en el Tepeyac se construyó el templo a Toci y  Tlazolteotl, ahí sigue la piel de Zumárraga fresca y sin señales de putrefacción, un lugar sagrado para las mujeres en lo alto del Tepeyac.

Ixchel De Niz, comunicóloga, migrada de la publicidad a la maternidad. Actriz y mamá de un gremlin. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.